Cada pieza es la salida real del análisis. Haga clic en cualquiera para abrir su expediente: qué resuelve, señales de que lo necesita, qué se entrega y en cuánto tiempo.
Cada uno depende del anterior. Saltarse un peldaño es la causa más común de que un proyecto de mejora no sobreviva a la primera revisión.
Un estudio de capacidad hecho sobre un sistema de medición no validado es tiempo perdido. Si el instrumento y el operador se comen más del treinta por ciento de la variación total, una parte de los defectos que persigue no existe y otra parte de los reales se le escapa.
La carta de control y el estudio de capacidad responden dos preguntas distintas: si el proceso es estable y si además cumple la especificación. Un proceso puede estar perfectamente bajo control y aun así no ser capaz. Confundir ambas cosas lleva a atacar el problema equivocado.
El análisis de Pareto ordena los problemas por lo que realmente cuestan. Es común descubrir que el defecto más frecuente no es el más caro, y que el que más quejas genera representa una fracción menor de la pérdida.
El diseño de experimentos es la herramienta más poderosa del catálogo y también la más cara de aplicar sin rumbo. Se justifica cuando ya se sabe qué variable de respuesta importa, cuánto cuesta la desviación actual y qué factores vale la pena mover.
La mejora que no se registra se pierde. El último paso es dejar corriendo el mecanismo que captura el dato, calcula el indicador y avisa cuando el proceso se sale de control, sin depender de que alguien se acuerde de hacerlo.
En treinta minutos de llamada se aclara. Nos cuenta qué proceso le está costando dinero y le decimos con qué análisis se ataca y cuánto tardaría.